Los gobiernos de Estados Unidos y China acordaron reducir temporalmente la mayoría de los aranceles recíprocos que se impusieron recientemente por la nueva política comercial de Donald J. Trump, luego de una primera ronda de negociaciones bilaterales sostenida el fin de semana en Ginebra, Suiza.
“Tras adoptar las medidas mencionadas, las partes establecerán un mecanismo para continuar las conversaciones sobre las relaciones económicas y comerciales”, dijeron ambas naciones, en un comunicado conjunto. “Estas conversaciones podrán celebrarse alternativamente en China y Estados Unidos, o en un tercer país, previo acuerdo de las Partes. Según sea necesario, ambas partes podrán celebrar consultas de trabajo sobre cuestiones económicas y comerciales pertinentes”.
El acuerdo entre las dos mayores economías del mundo, que entrará en vigor a partir del miércoles 14 de mayo, contempla que Estados Unidos disminuya los aranceles para productos chinos de 145 a 30%, ya que se mantendrán vigentes los aranceles de 20% que Estados Unidos aplica a las importaciones chinas por el tráfico fentanilo.
En tanto, los chinos acordaron bajar las tarifas que cobran a bienes estadounidenses de 125 a 10%, así como la suspensión de algunas tarifas sobre productos específicos.
“Hemos llegado a un acuerdo sobre una pausa de 90 días y una reducción sustancial de los niveles arancelarios”, dijo Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, en una conferencia de prensa. “Ambas partes, en lo que respecta a los aranceles recíprocos, reducirán sus aranceles en 115%”.
Bessent dijo en entrevista con la cadena de televisión CNBC que sostendrá negociaciones con funcionarios de China en las ‘próximas semanas’ para trabajar en un acuerdo mayor.
Los mercados financieros recibieron la noticia de la suspensión de los aranceles con optimismo, de modo que los futuros de las bolsas de valores de Estados Unidos avanzaban 3.7% en el caso del índice Nasdaq Composite, 2.7% en el S&P 500 y 2% en el Dow Jones Industrial Average.
FUENTE: Axis Negocios
Las artesanías de mimbre son una tradición en Tequisquiapan, donde muchas familias han forjado su patrimonio por varias generaciones a partir de esta actividad.
Sin embargo, tejer mimbre es un oficio que hoy enfrenta dificultades como los efectos de la contaminación ambiental, además de la llegada de materias primas asiáticas que han incidido en el mercado local.
Elías Nieto Díaz, artesano dedicado al trabajo de la cestería y la madera, recuerda que hace algunas décadas, las personas trabajaban la vara de sauz, la vara de sabino y el carrizo para la elaboración de canastas, de ahí se obtenía el mimbre.
Hacia los años 40 o 50, la familia de Elías se dedicaba al campo, pero la situación económica era difícil, así que sus abuelos comenzaron a trabajar en la cestería para tener un ingreso adicional, mencionó.
“Mi abuelo, al ver que había una posibilidad de tener dinero en el momento, porque fabricaban una canasta y la vendían en el momento, comenzó a dedicarse a eso”, comentó en entrevista para MQNEY.
Elías recordó que, en aquel tiempo, los artesanos obtenían la vara de los árboles que crecían a la orilla del río San Juan, que corre por Tequisquiapan.

Efecto en cadena
Pareciera que no tiene relación, no obstante, la contaminación del río San Juan es una situación que ha derivado en la falta de materia prima para quienes se dedican a la cestería y la elaboración de otras piezas de mimbre en Tequisquiapan y las zonas alrededor, aseguró Elías Nieto.
El cauce se ha visto afectado por la industria que ha aumentado su presencia en el municipio aledaño de San Juan del Río.
Además, dijo, la falta de este material, que antes abundaba en la región, ha llevado a que muchos de los artesanos compren el mimbre de importación, principalmente proveniente de Asia.
“Una situación que ha afectado mucho en Tequisquiapan es la contaminación del río San Juan, porque a partir de esto se dejó de producir el sauz, los mantos acuíferos se afectaron, la poda del árbol de sabino se perdió; y la vara de jara, la varilla se daba mucho en la presa Centenario y también se perdió por la contaminación”, lamentó.
“El mimbre es muy manipulable, era económico en su momento y se dejó perder el material, se dejó de cultivar, y artesanos y autoridades no buscaron una alternativa para mantener el proceso, así que, si bien todavía hay árboles no dan la misma calidad de materia prima”.
Ante la situación, Elías Nieto utiliza paja de trigo para sus artesanías, la cual compra en el Estado de México. “Ese material tiene mucha vista y el dinero se queda en el país, no se va para el extranjero”, señaló al referirse al producto asiático de importación.
Turismo, motor de la artesanía local
Nieto Díaz vende sus canastos en el Parador Artesanal y en la Casa del Artesano de Tequisquiapan. Durante la pandemia por Covid-19, comentó, no tuvieron una afectación importante, pues las personas siguieron comprando el producto.
“Vivimos del turismo y a pesar de todas las restricciones, sí hubo gente que venía a comprar. Yo en lo personal no padecí tanto, y platicando con otros artesanos tampoco se vieron tan afectadas sus ventas”, refirió. Las personas buscaron rediseñar sus casas y buscaban productos para decorar.
Pensando en legado de la tradición, Elías espera que algunos de sus nietos quieran seguir con la actividad, ya que sus hijos no están interesados en la artesanía.
“Yo veo que mis hijos no tienen interés, ojalá algunos de mis nietos sí lleguen a tenerlo, porque así se dan las cosas”, indicó con emoción de esperanza.
