A veces, para saber quién gana una guerra, no necesitas un mapa. Necesitas una factura.
Porque mientras el mundo discute “geopolítica”, hay industrias queretanas, nacionales y globales que solo ven una cosa: volatilidad.
En estas dos semanas, Ormuz no ha sido solo un estrecho. Ha sido un interruptor. Y cuando un interruptor controla una parte crítica del petróleo global, se activan cinco cajas registradoras al mismo tiempo.
Primero se encarece lo más básico: mover el barril.
La agencia de noticias Reuters reportó que los costos de los superpetroleros en Medio Oriente alcanzaron máximos históricos y que la ruta Medio Oriente–China llegó a superar los 400,000 dólares por día para un VLCC.
Luego viene el segundo golpe: asegurar el viaje.
Reuters documentó un salto brutal en primas de “war risk”: de alrededor de 0.25% del valor del casco antes del conflicto, a 3% después, lo que implica un pago cercano a 7.5 millones de dólares para un petrolero típico valuado entre 200 y 300 millones.
Y cuando el seguro se vuelve impagable, pasa algo peor que la escasez: la parálisis. Reuters reportó que, tras ataques y daños a petroleros, al menos 150 barcos quedaron varados alrededor de Ormuz, con aseguradoras cancelando coberturas de riesgo de guerra.
El tercer ganador no produce petróleo ni mueve barcos. Produce información, liquidez y arbitraje.
La agencia de noticias Bloomberg reportó que las grandes casas de trading, como Vitol, Trafigura y Gunvor, están alineando hasta 7,000 millones de dólares en nuevas líneas de crédito para aguantar el juego de “margin calls” que trae un mercado con picos violentos.
Esto es clave: cuando el mercado se vuelve una montaña rusa, el ganador suele ser el que tiene dos cosas: financiamiento y capacidad de moverse rápido.
¿Y qué tan montaña rusa está el mercado? Reuters señaló que el índice de volatilidad del crudo (OVX) subió a su nivel más alto desde el inicio de la pandemia en 2020.
El cuarto ganador es viejo conocido: defensa.
Reuters reportó que ejecutivos de defensa planeaban reuniones en la Casa Blanca por la caída de inventarios tras los ataques, y que el impulso es acelerar la producción.
Días después, Reuters describió presión directa desde el gobierno para priorizar producción sobre pagos a accionistas, y hasta la posibilidad de un presupuesto suplementario de alrededor de 50,000 millones de dólares.
El costo real de una intervención no está solo en el frente. Está en el reabastecimiento. Y el reabastecimiento se traduce en contratos.
El quinto ganador es el más obvio, pero también el más matizado: productores fuera de la zona caliente.
Reuters reportó que el crudo tuvo picos intradía alrededor de 119.50 dólares y que, aun después de retrocesos, los benchmarks seguían con alzas fuertes desde el inicio del conflicto.
Y aun así, Reuters también hizo una observación interesante: las acciones de petroleras grandes no se dispararon como en otros shocks, señal de que el mercado teme que el dolor sea “corto” o muy político.
Mientras todo esto ocurre, el mercado manda una señal incómoda: hay quien apuesta a que el shock será temporal.
Reuters reportó que derivados del petróleo (opciones y futuros) están mostrando estructuras que asumen que el golpe puede ser de corta duración, con posiciones que ganarían si los precios retroceden tras el primer spike.
Y aquí está la frase que resume a los ganadores: ganan no porque “quieran guerra”, sino porque saben cobrar el riesgo.
Si te preguntas quién está ganando con esta guerra, no mires solo el precio del barril. Mira quién cobra por cada capa del miedo:
Y luego mira quién paga la factura: el que compra diésel, el que transporta comida, el que vive de un sueldo que no sube al ritmo del petróleo.
Así funciona el mundo cuando Ormuz tiembla: unos ganan por acceso y riesgo, y el resto paga en precios, inflación y tensión social.
*Gerardo Coronado Benítez es cofundador de Taskers Pro AI, empresa dedicada a democratizar la IA para emprendedores. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad del Valle de México (Campus Querétaro) y cuenta con un MBA con especialidad en administración de inversiones por Widener University, además de una especialidad en IA Generativa y Automatización Empresarial por la Universidad Europea de Andorra.