El 2025 fue un año extraordinario para la generación de riqueza global, y México no fue la excepción. De acuerdo con el Global Wealth Report de UBS, el banco privado más grande del mundo, el número de millonarios en dólares en el país creció 2.7% en comparación con 2024.
Este avance elevó a cerca de 333,000 mexicanos con un patrimonio neto de un millón de dólares o más, en una nación con más de 130 millones de habitantes, consolidando a México como el segundo mercado con más personas acaudaladas en América Latina, solo por detrás de los 386,000 de Brasil.
En cuanto a la estructura del patrimonio, el informe muestra que los activos financieros representan el 44.3% de la riqueza bruta de los hogares mexicanos. México registró el menor nivel de endeudamiento entre los 56 mercados analizados, con deudas que equivalen apenas al 5.2% de su riqueza bruta. Por otra parte, la fortuna de los multimillonarios mexicanos repuntó cerca de un 60% durante 2025, marcando uno de los ritmos de crecimiento más acelerados a nivel global.
En entrevista con Axis negocios , Marcelo Chillov, director de UBS Global Wealth Management para América Latina, desmenuza los hallazgos de este reporte y analiza sus implicaciones para el mercado local.
El informe de UBS revela que México sumó más de 8,724 nuevos millonarios en 2025. Desde su perspectiva, ¿qué factores están impulsando la creación de estas fortunas en el país?
El aumento del número de millonarios, en dólares, en México refleja una combinación de factores globales y locales. A nivel mundial, 2025 fue un año muy positivo para la creación de riqueza, impulsado por el buen comportamiento de los mercados financieros, el aumento de los activos no financieros y un entorno generalmente favorable para la revalorización de los activos.
En México, el panorama también viene determinado por factores a más largo plazo, como la propiedad de la vivienda, el ahorro privado para la jubilación, la participación en inversiones y la acumulación de activos tanto financieros como reales a lo largo del tiempo.
Llama la atención que la riqueza de los multimillonarios mexicanos creció cerca de 60% en 2025, uno de los aumentos más altos a nivel mundial. ¿A qué atribuye este repunte tan acelerado en comparación con otros mercados?
Es una cifra llamativa, pero es importante situarla en su contexto. Tal y como señala el informe, parte de estos grandes aumentos puede explicarse por el crecimiento del número de multimillonarios, y no solo porque los multimillonarios ya existentes se hayan enriquecido aún más.
En términos más generales, la riqueza de los multimillonarios tiende a verse muy influida por los resultados de las empresas, los mercados de capitales y otras grandes carteras de activos. Cuando esos activos se revalorizan considerablemente, el impacto en la cúspide de la distribución de la riqueza puede ser significativo.
Sin embargo, lo que me parece especialmente interesante no es solo lo que está ocurriendo entre los multimillonarios, sino lo que muestra el informe en todo el espectro de la riqueza. Por primera vez, todos los mercados de nuestra muestra cerraron el año 2025 con más millonarios, en dólares, que a principios de año. Esto sugiere que la creación de riqueza no se limitó a un único grupo o región.
Las cifras llaman la atención, pero otro indicador importante es cuántas personas pasan, con el tiempo, de los tramos de riqueza más bajos a los más altos. Esto ofrece una perspectiva más amplia de cómo evoluciona la riqueza en una economía.
Nos gustaría conocer su visión sobre el crecimiento del PIB frente al aumento en la riqueza patrimonial. ¿Por qué existe una diferencia tan marcada en la magnitud de ambos indicadores en el caso mexicano y qué nos dice esto sobre nuestra economía?
Es importante distinguir entre el PIB y la riqueza personal, ya que miden cosas diferentes. El PIB refleja la producción económica generada durante un período específico, mientras que la riqueza refleja el valor acumulado de los activos financieros y no financieros, una vez deducida la deuda. En consecuencia, ambos indicadores pueden evolucionar a ritmos diferentes.
La acumulación de riqueza suele verse influida por factores como el valor de los activos, la propiedad de la vivienda, el ahorro y las tendencias de inversión a largo plazo, mientras que el PIB recoge la actividad económica anual.
En México, la diferencia entre la riqueza por adulto y el PIB por adulto puede, por ejemplo, reflejar el hecho de que la riqueza de los hogares se acumula a lo largo de muchos años y de varias generaciones. Por lo tanto, fijarse únicamente en la producción económica no ofrece una visión completa.
Un dato llama la atención: la riqueza promedio por adulto sube, pero la riqueza mediana cae cuando se ajusta por inflación durante los últimos diez años. ¿Cómo debemos interpretar esta brecha y qué nos dice sobre la desigualdad patrimonial en la última década?
Las cifras de riqueza promedio pueden verse muy influidas por un buen comportamiento de los mercados financieros, que suele tener un mayor impacto en los segmentos de mayor patrimonio. Por el contrario, la riqueza mediana suele ser más sensible a los efectos de la inflación, las fluctuaciones monetarias y los cambios en el poder adquisitivo.
En México, aunque los tramos de riqueza más altos se han ampliado, hacer frente a los efectos de la inflación en el conjunto de la población sigue siendo un reto importante. Esto pone de relieve la importancia que siguen teniendo la inclusión financiera, la educación financiera y el desarrollo económico a largo plazo.
Desde esta perspectiva, una de las conclusiones más alentadoras del informe es la tendencia global a largo plazo de que, con el paso del tiempo, cada vez más personas pasan a categorías de riqueza más altas, mientras que los tramos de riqueza más bajos siguen reduciéndose. Comprender cómo pueden participar más personas en ese proceso es, en mi opinión, una de las cuestiones más relevantes para los responsables políticos, las empresas y la sociedad.
Pasando al tema de la deuda, el reporte muestra un contraste: mientras Brasil encabeza en apalancamiento, las deudas en México equivalen a apenas 5.2% del patrimonio bruto. ¿Qué lectura le da a esta diferencia y qué significa para el desarrollo financiero de ambos países?
Esa diferencia no debe considerarse necesariamente como algo mejor o peor, sino más bien como un reflejo de las distintas etapas y características del desarrollo financiero. Brasil presenta una mayor proporción de activos financieros dentro de la riqueza total y un mayor uso del crédito por parte de los hogares, mientras que México tiene un menor nivel de apalancamiento y una mayor proporción de riqueza vinculada a activos no financieros.
Desde el punto de vista de la resiliencia, un menor apalancamiento puede ayudar a los hogares a afrontar períodos de incertidumbre económica o de tasas de interés más elevados. Al mismo tiempo, el acceso al crédito sigue siendo una herramienta importante para la inversión, el espíritu emprendedor y la creación de riqueza cuando se utiliza de forma sostenible.
La conclusión general es que ambos países presentan perfiles de riqueza distintos, y comprender cómo interactúan los activos, los pasivos y la composición de la riqueza es esencial para entender cómo evoluciona la riqueza a lo largo del tiempo.